El Gran Teatro del Mundo. Radioteatros históricos, 1951-1954

Índice

Libretos de radioteatro

Presentación. Luis Alberto Romero

Entrevista del SODRE a José Luis Romero, 1951


 I. Imagen de una época (1951-1952) 

Primera parte

1. 1199. Reyes en los castillos y en los tablados

2. 1348. La muerte en Europa   

3. 1385. Portugal renace en los campos de Aljubarrot(a) 

4. 1431. Don Juan II de Castilla sueña con Granada la mora

5. 1478. Roma conspira contra la vida de los Medici

6. 1503. El Gran Capitan en las guerras de Italia

7. 1513.  Nicolás Maquiavelo reflexiona sobre los príncipes en San Casciano

8. 1525. El rey Francisco cae prisionero en la batalla de Pavía 

9. 1527. (‘S)acco de Roma’ por las tropas del emperador Carlos V

10. Miguel Angel frente a los vivos y los muertos 

11. Don Quijote asoma sobre el horizonte de España  

12. 1626. Don Francisco de Quevedo moraliza en la corte de Cristina de Suecia  

13. 1639. Galileo Galilei en Arcieri  1

14. 1650. René Descartes muere en la corte de Cristina de Suecia 

15. 1654. Oliver Cromwell dialoga y combate con el Parlamento 

16. 1664.  Francia en los jardines del Rey Sol 

17. 1668. El liberalismo logra en Inglaterra su primera victoria 18. 1672. Baruj Spinoza pierde un amigo 


Segunda parte. 

19. 1718. Pedro el Grande de Rusia condena a muerte al príncipe Alejo

20. 1747. Huéspedes ilustres en la corte de Postdam 

21. 1769. Inglaterra se conmueve por el destino de las Letras 

22. 1774. Triunfo de Gluck y de Maria Antonieta 

23. 1774. Goethe concibe y crea el drama de Werther  

24. 1804. El héroe de Francia se desploma en el corazón de Beethoven

25. 1828. Dos liberales en la Italia de la Restauración 

26. 1830. El romanticismo conquista París 

27. 1854. Las fuerzas anglofrancesas sitian Sebastopol

28. 1870.  El espíritu alemán triunfa en Europa 

29. 1873.  Heinrich Schliemann resucita la antigua Troya 

30. 1876. Inglaterra concluye el edificio de su Imperio

31. 1881.  Tres desgarrones en el alma eslava 

32. 1894. Condenación del capitán Dreyfus 

33. 1896. Sueño y muerte de un fauno 

34. 1896. Rehabilitación del capitán Dreyfus 

35. 1915. El fuego ilumina las trincheras

36. 1918. Lawrence de Arabia 

37. 1918. Thomas Masaryk vislumbra y funda la República Checoeslovaca

38. 1939. “Estalla en Europa la Segunda Guerra Mundial”


Tercera parte 

II. El estudio del profesor Wolsen (julio 1952)

39. La Historia Universal: el futuro en el espejo del pasado 

40. En Atenas, Sócrates bebe la cicuta

41. Para qué sirve estudiar la Historia de Europa 

42. Maquiavelo dialoga con los sabios de la Antigüedad 

43. Catalina de Medici en la noche de San Bartolomé

44. La eminencia gris del cardenal Richelieu  

45. La tertulia del Doctor Johnson  

46. Bach y Voltaire en Sans Souci

47. El joven Goethe enamorado  

48. Napoleón, el dios de las batallas

49. Alemania, de Sigfrido a Bismarck


Cuarta parte

III. El gabinete del profesor Naguel (1953)

50. ¿Sabe usted quien era Débora?

51. ¿Sabe usted quien era Alcibíades?

52. ¿Sabe usted quien era Lúculo?

53. ¿Sabe usted quien era Raimundo Lulio?

54.  ¿Sabe usted quien era Doña Urraca?

55. ¿Sabe usted quien era Reina Margot?

56. ¿Sabe usted quien era la Eminencia Gris?

57. ¿Sabe usted quien era Madame Sabatier?

IV. “Noticias bibliográficas”  (1954)

58. La ninfa constante ( Margaret Kennedy)

59. Cuán verde era mi valle ( Richard Llewellyn)

60. La señora Parkington ( Louis Bromfield)

61. Llegaron las lluvias  (Louis Bromfield)

62. Sangre negra  (Richard Wright)


Presentación

LUIS ALBERTO ROMERO

Bajo el título El Gran Teatro del Mundo, que remite a Calderón de la Barca, se reúnen acá los 61 capítulos de radioteatro histórico escritos por José Luis Romero entre 1951 y 1954. Salvo los últimos cinco, todos se emitieron por el Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica (SODRE) de Uruguay, los domingos a mediodía, que -al igual que en la Argentina- era un horario de gran audiencia.

Separado en 1946 de sus cargos docentes, José Luis Romero enseñó en la Universidad de la República, en Montevideo, entre 1949 y 1953.  Este cargo docente fue fundamental para la subsistencia familiar. Juan Antonio Oddone, uno de sus alumnos por entonces, lo puso en contacto con Héctor Murialdo, directivo del SODRE, quien sugirió la idea de estas audiciones. En esos momentos, el valioso ingreso adicional que suministraba este trabajo empalmó con su especial interés en el teatro, del que se habla más adelante. 

Son cuatro series de audiciones. Los títulos son algo imprecisos no siempre coincidentes, pues no tenemos registros escritos y nos hemos basado en recuerdos personales, como el de J.A. Oddone.

La primera serie –Imagen de una época– consta de 38 episodios; 20 de ellos fueron editados por María Luz Romero en el libro El Gran Teatro del Mundo. La serie del profesor Wolsen tiene diez episodios; ocho se incluyen en Sabe usted quien era, con el profesor Naguel; las cinco finales fueron escritas para el programa Noticias bibliográficas, de su amigo, el crítico musical Jorge D´Urbano, emitidas por Radio Mitre, Argentina, en 1954.

Los 38 capítulos iniciales, irradiados entre 1951 y 1952, tienen un mismo formato: el Relator lleva el hilo y explica el sentido de lo que ocurre en escena. En cada capítulo se indica un año preciso de la historia y se reconstruye un momento clave de un proceso histórico.

En la segunda mitad de 1952 se introdujeron dos cambios. Cada episodio se centró en un personaje histórico, presentando escenas de distintos momentos de su vida; con esa técnica, los dos primeros reseñan a grandes rasgos la Historia Universal y la Historia de Europa. Por otra parte, el relator fue remplazado por el profesor Wolsen, y Naguel después. Ambos se enojan por la ignorancia de sus interlocutores, y por esa vía, se produce el milagro de traer al presente a los protagonistas de la historia. La breve serie de 1954, adecuada al formato del programa de Jorge D’Urbano, usa ese esquema para presentar libros editados en la conocida colección Horizonte de la Editorial Sudamericana.

No conocemos la forma final los guiones de Montevideo, cuya producción corrió a cargo de Héctor Murialdo, directivo de SODRE y gestor del proyecto. Es posible que haya habido modificaciones. La selección de las cortinas musicales -marcada muy detalladamente en el texto- fue hecha por Juan José Castro, un prestigioso director y compositor argentino que, como Romero, no podía trabajar en su país y lo hacía en Montevideo. Frecuentemente seleccionaron juntos las cortinas musicales en la Discoteca de SODRE. Los intérpretes fueron actores de la nueva Comedia Nacional de Uruguay, donde dirigían dos exiliados: la española Margarita Xirgu y el argentino Orestes Caviglia.

Estos radioteatros se relacionan con uno de los intereses de José Luis Romero, aún no explorado por los estudiosos: el teatro. Incluye conferencias -como Teatro y sociedad, de 1959- , cursos ilustrados con representaciones teatrales e inclusive la escritura y producción integral de obras de teatro infantiles para sus hijas -ellas las recordaron como “El teatrito”- , que próximamente incluiremos en este Sitio.

En la entrevista realizada por SODRE para presentar el nuevo ciclo, Romero explica el criterio elegido para teatralizar el ciclo. Se trataba de recrear el lugar y el momento -el hic et nunc- en el que un proceso histórico cobra vida, cruzando lo profundo con lo accidental y personal. Se trataba, también, de mostrar el “sincronismo múltiple de la vida histórica”, un tema que en esos años desarrollaba desde un punto de vista teórico.

En los ciclos de Wolsen y Naguel, en cambio, se trata de personajes, de actores de la historia cuya vida se presenta resumida en algunos momentos fundamentales. Este interés por el radioteatro histórico -un género muy popular por entonces- es un ejemplo de la importancia que para el autor tuvo la difusión de la historia en círculos más amplios que aquellos de los investigadores, una tarea que encaró con una militancia muy propia de esa época de su vida. En ese campo de intereses deben incluirse sus libros de síntesis –Historia universal, La cultura occidental-, las innumerables conferencias, en los ámbitos más diversos, los emprendimientos editoriales, dirigiendo colecciones en Argos, Nova y Losada, así como, hacia 1972, de una importante colección de fascículos de aparición semanal sobre la historia de Latinoamérica, que publicó la Editorial Abril. Agreguemos a esta enumeración los artículos periodísticos, ya fueran de índole académica o de intervención en los asuntos públicos. Bajo distintos formatos y con intenciones diversas subyace una misma concepción de la historia, como puede verse comparando el guión radiofónico ¿Sabe usted quien era Alcibíades? (51) con el artículo “Un Sócrates para Alcibíades”, escrito en 1948, con una clara intención política. Ambos remiten a un texto de investigación: El Estado y las facciones en la Antigüedad, publicado en 1938.

En la entrevista que el SODRE le hizo al comienzo de las audiciones Romero plantea sus opiniones sobre la importancia de la difusión, y explica los criterios seguidos en la preparación de estos libretos. En 2012 María Luz Romero editó el volumen El Gran Teatro del Mundo, con veinte de los libretos. Su Prólogo contiene información detallada sobre esta historia teatral y uruguaya. Juan Antonio Oddone ha dejado el testimonio de un contemporáneo, escrito medio siglo después. Andrea Matallana estudió la relación entre estos radioteatros y el género radioteatral, en pleno auge hacia 1950. Mauro Libertella aporta la sensible y comprensiva perspectiva de un lector actual.


Entrevista con José Luis Romero al iniciarse la serie de audiciones en el SODRE (1951)

PERIODISTA: …y resuelto el SODRE a organizar una serie de audiciones de divulgación histórica, se encomendó su realización al Dr. José Luis Romero, Profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias, quien ha preparado los textos, y hoy está aquí para conversar con nosotros acerca de los caracteres generales de esta audición. Ante todo, Dr. Romero, querríamos que nos explicara qué valor le atribuye a la divulgación histórica y si confía en el valor educativo de estas audiciones.

JOSÉ LUIS ROMERO: Puedo asegurarle que estoy seguro de su alto valor educativo, aunque no estoy tan seguro de haber logrado todo lo que podría hacerse en este terreno. El compromiso era grande para mí, y mi experiencia escasa, pero la empresa me seducía. Para un estudioso de la historia, que, además, es un especialista en una de sus ramas, la divulgación constituye un fantasma del que quiere huir y cuya sombra necesita. Habituado al esfuerzo crítico, a la matización y al análisis, se horroriza de las formulaciones generales, de los enunciados demasiado vastos de los que teme que sean mal entendidos, de las síntesis arriesgadas cuyo destino es alojarse en una mente insuficientemente preparada.

P. Pero, sin embargo, dice usted que el historiador, el especialista, necesita la sombra de ese fantasma.

JLR. Esta es la cuestión. Si el historiador no crea su público, si no batalla por la difusión del hábito de la lectura histórica, si no contribuye a devolverle a la historia esa palpitación humana que ha tenido siempre y que parece perder, el menester al que dedica su vida se torna estéril y sin sentido. El historiador que investiga y hace luego públicas sus investigaciones no puede dirigirse siempre al círculo reducido de los especialistas. Si esa fuera su única finalidad, sería bien triste el panorama de la ciencia histórica y quedaría de manifiesto su escasa densidad vital. Ahora bien, no puedo imaginarme un saber en el que la densidad vital sea mayor que en el saber histórico.

P.  Según eso, la divulgación sería el método para despertar el interés por la historia en capas más vastas del público culto…

JLR. Naturalmente, porque sin ese interés, sin esa resonancia, el historiador tiende a convertirse en el mero erudito y, al mismo tiempo que deserta de su misión, priva de su aporte al hombre reflexivo que quiere conformar su vida y su conducta según una conciencia histórica que lo sitúe en el mundo circundante. Y su lugar será ocupado por quien sepa decirle las cosas de cierta manera, aunque no sepa bien lo que deba decir.

P. Quiere decir que hay una manera especial de decir las cosas en la esfera de la divulgación…

JLR.  ¿Quién puede dudarlo? La divulgación debe ajustarse a una técnica nada sencilla. Hay que saber proveer al no iniciado de todo aquello que necesita para entender lo que se dice. Y esto sin fatigar demasiado, y en el lenguaje que pueda entenderse en cada caso. Pero sobre todo es necesario dejar que asome el interés universal de la historia, para que nadie que esté atento pueda escapar a este reclamo, a esta incitación a la conciencia vigilante. Y como además hay que entretener, para impedir que el oyente dé vuelta el dial…

P. Entonces hay una forma especial de técnica radiotelefónica para la divulgación…

JLR. Por lo menos hay una serie de condiciones a las que hay que tratar de ajustarse. La falta de contacto personal con el oyente impone como norma fundamental la de tratar de sostener su interés a toda costa para impedir que huya este oyente desconocido y misterioso con quien queremos dialogar. En una conferencia pública podemos aburrirlo, confiando en que por discreción no abandonará la sala. Pero en este caso el gesto de dar vuelta el dial es imperceptible y se realiza despreocupadamente, hasta sin ánimo de herir ninguna susceptibilidad. Y la voz empieza a vagar por el espacio mientras las ondas hertzianas se sonríen con conmiseración. La primera norma es la de mantener el interés.

P.  ¿Y cree usted haberlo conseguido, Dr. Romero?

JLR. Sólo sé que he tratado de hacerlo. Me he valido de mi experiencia de lector, de investigador, de profesor de enseñanza media, de profesor universitario, de oyente de conciertos y conferencias, de escucha radial, y sobre todo me he valido de los consejos de mi querido amigo Héctor Murialdo, sin cuyas observaciones no hubiera encontrado algunas vías de evidente eficacia para el logro de mis propósitos. Con todo ese bagaje me he puesto a la tarea.

P.  ¿Y qué criterio ha seguido para afrontarla?

JLR.  He querido centrar el interés de cada audición sobre un momento de la historia, haciendo concurrir cuantos elementos tuvieran relieve y significación para destacar la complejidad y la variedad de la vida histórica. Con eso creí poder acercar al oyente una imagen aproximada de su naturaleza, simbolizada en el sincronismo múltiple. Esa variedad debía ser, además, el instrumento para mantener el interés.

P.  Y esos elementos, ¿a qué aspectos de la historia corresponden?

JLR.  Al de la realidad social y al de la cultura. Precisamente mi esfuerzo tendía a señalar la correspondencia entre ellos. Quería que se reparara en el trasfondo de la cultura, en su contorno humano y social, e inversamente, que se reparara en esta ínsula que en la realidad social constituye el hecho insólito de la creación o la aventura singular del pensamiento. Sólo la reunión en la conciencia de ambos elementos suscita la recta comprensión del pasado y sólo de este modo se aviva la experiencia histórica.

P.  Para terminar, Dr. Romero, ¿podría decirnos algo del material utilizado en estas audiciones?

JLR. Puedo decirle que no hay en ello nada que no se ajuste estrictamente a la verdad histórica. Los textos y los fragmentos musicales han sido elegidos cuidadosamente y sólo por insalvable dificultad han sido introducidas algunas variantes de detalle en los primeros para facilitar la rápida comprensión del oyente que, a diferencia del lector, no puede detenerse en lo que no comprende bien. Fuera de eso, la fidelidad es absoluta.

P. Bien, esperemos que las audiciones tengan buena acogida y el mayor éxito. JLR. Si eso ocurre, el mérito será sobre todo del SODRE, siempre preocupado por desarrollar una altísima labor de cultura, y de la señora Reina Reyes, a cuyo entusiasmo se debe que estas audiciones estén en el aire. Pero no puedo terminar sin expresar mi agradecimiento al Director que las ha montado, Héctor Murialdo, y a los jóvenes actores que han colaborado en ellas, con rara inteligencia y comprensión.