Gerardo Rodríguez
(UNMdP / CONICET / ANH)

1. La originalidad de José Luis Romero
“Estamos necesitados de inteligencia y de sensibilidad, más necesitados que de materias primas y de máquinas”, alertaba José Luis Romero sobre las inquietudes ante el nuevo mundo de mediados del siglo pasado.[1] Inteligencia para identificar los problemas planteados y sensibilidad para resolverlos.
Desde su perspectiva, la investigación y la acción requieren de la sensibilidad individual y social para lograr un entorno más empático y comprometido con el presente en el que actuamos. Nilda Guglielmi ha advertido con claridad la actitud histórica de Romero, caracterizada por la lucidez y la pasión. Dos palabras que parecen contradictorias, que sitúan al historiador tan lejos de la actitud de juez inapelable a la manera de Minos de que nos hablara Marc Bloch. Las he empleado intencionalmente para destacar la similitud de su pensamiento con el de Romero, quien considera que el trabajo del historiador sólo puede realizarse con pasión y oficio.[2] Omar Acha se refiere, acertadamente, a él como creador a la vez de una ciencia y de una política del saber.[3] Waldo Ansaldi considera que Romero tuvo la mala suerte de nacer en el sur, es decir que su producción original y amplia permanece algo desconocida por tratarse de un historiador que realiza su oficio en los márgenes,[4] a pesar de que historiadores de la talla de Ruggiero Romano lo mencionaron entre los grandes de la historiografía universal (Romano, 1984).[5] A pesar de su agudeza como investigador, Romero se ubicó parcialmente en las afueras del medievalismo, precisamente por ser latinoamericano y quedar relegado de la centralidad del campo intelectual de la época.[6]
Estas páginas reconocen la originalidad de la obra de Romero en un tema en que fue pionero, dado que sus preocupaciones por el mundo sensible, por los sentidos y las emociones aparecen en sus tiempos iniciales como historiador, en la década de 1930, en consonancia con los planteos intelectuales de aquel momento.
1. 1. Sensibilidad en la historia
Desde entonces y hasta el presente, la sensibilidad en el campo histórico se ha convertido en un concepto que une y moviliza; una herramienta que tiene por finalidad articular la mirada de investigadores venidos de horizontes diversos, que estudian distintos aspectos de lo social, en espacios y tiempos también variados. Como noción, la sensibilidad acepta múltiples definiciones: abarca una forma de ver, sentir, interpretar, significar y vivir la vida individual y colectiva; una manera de ser que nutre y se nutre de un conjunto de representaciones jerarquizadas y de apreciaciones diferenciadas sobre la propia identidad, el otro y el mundo; deriva de las prácticas sociales que tejen los individuos y los grupos, en espacios, medios y tiempos determinados.[7]
En la actualidad, Damien Boquet y Pyroska Nagy proponen la idea de mundo de las sensibilidades para referirse a la Edad Media, concepto propio de la época y, por lo tanto, más adecuado que el de emociones, término ausente del léxico medieval. Por ello estos autores recuperan los trabajos pioneros de la escuela de los Annales y especialmente en Lucien Febvre,[8] a los que podríamos sumar los de otras corrientes de pensamiento, como los de Jacob Burckhardt, Johan Huizinga y el propio Romero.
Ciertamente Romero habla del patetismo de la percepción medieval, para señalar que la vida y la cultura de los tiempos medievales se caracteriza por un desborde de sentimientos, una bondad elemental y una intensa experiencia emocional, en la que la angustia y el sufrimiento humano eran centrales, en contraste con una rigidez intelectual y formalista que buscaba el orden, que luego desembocaría en la modernidad. En su trabajo utiliza la palabra sensibilidad para referirse a las diferentes tradiciones que conviven y confluyen en los tiempos medievales.[9]
Pese a su relevancia, hacer de lo sensible algo propio de las ciencias sociales y las humanidades no formó parte de las agendas hasta la década de los ochenta del siglo pasado, cuando gracias a las propuestas de los giros historiográficos, se operaron cambios fundamentales en el enfoque, métodos y objetos de estudio de la historia como disciplina, marcados por la reflexión sobre la propia práctica del historiador y la incorporación de nuevas preguntas sobre el cuerpo, los sentidos, los artefactos y las emociones en el decurso de las investigaciones.
Antes de dichas orientaciones, historiadores, sociólogos y antropólogos habían planteado problemáticas de orden sensorial en la aproximación histórica, pero de manera subsidiaria o complementaria de otras mayores, a pesar de que habían sido apuntadas en muchos estudios realizados entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX.
En ese contexto previo a los giros, Romero plantea sus lecturas sensibles de la historia. A mediados de la década de 1940, Romero propone reconocer, en relación a Maquiavelo, la “forma mentis” propia de este historiador y de su época,[10] “una imagen de la vida”,[11] la “concepción del hombre”[12] o “las formas de vivir y de pensar”,[13] señalando el inicio de su propuesta intelectual en la que la vida individual y social tienen un fuerte componente cultural, en las que los sentidos, los sentimientos, las emociones y las sensibilidades tienen una relevancia fundamental. Y si bien todavía los sentidos no explican por sí mismos la dinámica social, son tenidos en cuenta en el momento de entenderlos como constitutivos tanto de las ideas políticas como de las mentalidades.

Peter Paul Rubens y Jan Brueghel El Viejo, Los cinco sentidos. 1617-1618. Oído.
1. 2. Ideas y mentalidades
Apenas unos años después, retoma y aborda con profundidad las ideas políticas en Argentina. En su análisis, las “ideas” significaban algo denso, dado que las asociaba a ciertos impulsos que entrañan y presuponen una determinada predisposición y que permiten considerar la “sensibilidad política” o las “concepciones de vida” de una época.[14] Se trata de ideas encarnadas en la cultura como motor de la sociedad, de las de las mentalidades,[15] de las emociones[16] y de los sentidos.[17]
El uso regular de las mentalidades puede encontrarse a partir de las publicaciones de mediados de la década del sesenta. El autor equipara “mentalidad” con la imagen del mundo, vinculándola con los ideales de vida, a las que llama “ideas operativas” pues son aquellas que señalan el rumbo, las que mandan: la mentalidad es algo así como el motor de las actitudes, que incluye las actitudes hacia el amor, la muerte, la riqueza, la pobreza, el trabajo.[18] En las versiones originales de estos textos todavía usaba expresiones más imprecisas como la de “concepción del mundo” o “espíritu burgués”, que luego reemplazó de manera definitiva de mentalidad.
Las mentalidades son propias de cada época histórica o, en términos de Romero, de distintos momentos de la cada vida histórica, complejo concepto sobre el que llama la atención para comprender las complejidades del pasado. En el pasado se deposita la “vida histórica vivida”; pero el concepto de vida histórica incluye también la “vida histórica viviente”, que comienza donde acaba el pasado —el pasado de cada presente— y se proyecta en un flujo continuo a lo largo del tiempo aún no transcurrido. Cubre, pues, el concepto de vida histórica tanto el pasado como el futuro, más la instancia subjetiva identificada en cada instante como presente”, que incluye al sujeto histórico, a la estructura histórica y al proceso histórico.[19]
Luis Alberto Romero[20] recopiló varios trabajos de José Luis Romero en los que da cuenta de su teoría empírica de la vida histórica en general y del tema de las relaciones teóricas entre sensibilidad y mentalidad:
“El concepto de cultura histórica, en sentido estricto, reconoce dos raíces que han influido notablemente en su formación: una de carácter especulativo, filosófica, y otra de carácter empírico, etnológica”.[21]

Peter Paul Rubens y Jan Brueghel El Viejo, Los cinco sentidos. 1617-1618. Olfato.
1. 3. Cultura e historia social
A mediados de la década del cincuenta plantea la relevancia de la historia de la cultura, en estas palabras:
“Un cuidadoso examen de las exigencias que hoy se consideran ineludibles en el campo de los estudios históricos parece autorizar la hipótesis de que lo que llamamos la historia de la cultura es, en realidad, simplemente la historia. En cuanto intento de reducir a esquemas inteligibles la universalidad del desarrollo histórico, abrazándolo hasta donde sea posible en toda su complejidad y manteniendo una alerta vigilancia para no deslizarse hacia ningún simplismo, los planteos de la historia de la cultura desbordan toda delimitación restrictiva”.[22]
Estas ideas fueron, sostenidas desde comienzos de la década del treinta y mediados de los setenta[23], así como la distinción y relación entre el orden fáctico y el orden potencial, que abordó en dos conferencias en 1959.[24]
En la conferencia pronunciada en Montevideo, en la Universidad de República, subraya esta complejidad:
“Sin embargo, no es necesariamente así. Lo que ocurre es que están jugando dos criterios, y estos dos criterios no se dan con absoluta claridad, sino en el plano de la historia social. Porque es la historia social la que nos enseña, las que nos pone sobre la pista de que el desarrollo histórico le ocurre a un sujeto complejo, un sujeto prácticamente inasible, al que hay que cercar, al que hay que tratar de aprehender, un poco sorprendiéndolo en sus relaciones multiformes. Y este sujeto son los grupos; grupos que como es bien sabido no tienen una constitución pareja ni en un instante. Porque simultáneamente todos pertenecemos al mismo tiempo a innumerable cantidad de grupos, inclusive a grupos antagónicos, como por ejemplo el grupo de los que bajan de un ómnibus y el grupo de los que suben; cada uno de nosotros pertenece a los dos, unas veces a uno y unas veces a otro, y cuando pertenecemos a uno tenemos intereses antagónicos con respecto al otro; porque cuando somos de los que bajan creemos que primero hay que dejar bajar y cuando somos de los que suben aspiramos a subir lo antes posible”.[25]
En la conferencia dictada en Buenos Aires, en el el Instituto Nacional de Teatro, afirma:
“Se ha dicho más de una vez que la diferencia substancial que hay ente teatro y literatura es que, por muy vivaz que sea la creación literaria, tiene siempre algo de alusión. El teatro, por el contrario, es siempre una presencia. Algo cuya existencia real se está postulando por encima de los límites de la convención en virtud de la cual todos saben que aquello es falso”.[26]
La dificultad para la historia social y cultural radica en cómo reconstruir una sociedad, de cuáles criterio partir o en qué fuentes de información basarse.
1. 4. Historia cultural y sentidos
Los sentidos son las capacidades biológicas para percibir estímulos del entorno (luz, sonido, olores, sabores, tacto) y del propio cuerpo, siendo los cinco principales: vista, oído, olfato, gusto y tacto, que nos permiten conocer el mundo. En la actualidad, estas percepciones de mundo son consideradas tanto a nivel biológico como cultural. De esta forma, ellos se configurar como fuerzas motoras de la sociedad y, por lo tanto, en necesario estudiarlos históricamente.
Sentimos el mundo en relación con otros, a partir de la posición que cada cual ocupa en el entramado de vínculos sociales y en función de un aprendizaje situado. Dicho aprendizaje atraviesa la vida humana en todas sus facetas en los que las palabras, los cuerpos, los objetos, las emociones y los espacios definen las relaciones proxémicas.
José Luis Romero, como un historiador de los sentidos, subrayó esta relevancia, que resulta tan actual,[27] en relación a la evolución de la tecnología, desde los tiempos medievales hasta mediados del siglo. Prestó especial atención a la manera cómo el hombre occidental era creativo en su destreza técnica; por ejemplo para crear utensilios para las actividades agrícolas y ganaderas, objetos para la religión y el rito, adminículos de difusión masiva y artefactos para hacer la vida más cómoda y agradable. Al mismo tiempo, se desarrollaban armas cada vez más poderosas y destructivas.[28]
2. Romero: intelectual, historiador, precursor
El breve repaso de las conceptualizaciones elaboradas por Romero pone en evidencia el carácter precursor de su pensamiento para varias subdisciplinas de la historia que hoy en día están en la cúspide de las agendas de nuestro campo del saber, como la Historia sensorial y los Estudios sensoriales.
Su actividad intelectual pionera ratifica las afirmaciones de Fernando Devoto, quien considera a Romero uno de los hombres mas cultos de su tiempo, dadas la vastedad y heterogeneidad de sus lecturas, que iban mucho más allá de las de un historiador promedio. De ello surge el interrogante de cómo reconstruir su horizonte intelectual, más aún dado su carácter tan original.[29]
Destaco más, por todo ello, las obras iniciales de Romero, en las que aborda tanto la Historia Antigua como la Medieval, aquellas que dialogan intelectualmente, de manera real o imaginaria, como afirma Devoto, con Johan Huizinga y Henri Pirenne,[30] con los autores que entre 1900 y 1950 realizaron interpretaciones sensibles de la historia: los historiadores Burckhardt,[31] Huizinga[32] y Febvre,[33] ya mencionados, y el sociólogo Georges Simmel.[34]
Estos autores realizaron interpretaciones sensibles porque reconocieron en sus estudios la importancia de analizar las maneras culturales, no solamente biológicas, de experimentar sensaciones a través de los sentidos y de identificar los estímulos morales, estéticos y emocionales vinculados con ellos. Para estos pensadores, la cultura es el modo en que una sociedad interpreta, transmite y transforma la realidad, en tanto que la cultura histórica es el modo concreto y peculiar en que una sociedad se relaciona con su pasado. Al estudiar la cultura histórica indagamos la elaboración social de la experiencia histórica puesto que es imposible acceder al pasado en cuanto que pasado mismo. En relación con la complejidad cultural y material de cada época histórica, en una entrevista de fines de la década del noventa, Luis Alberto Romero subrayó cómo su padre:
“mostraba que las relaciones entre lo material y lo simbólico son tan complejas que uno no puede decir que haya una de las dos que sea primera y determine a la otra. Es un entretejido. Es como aquel concepto de Raymond Williams de que, en realidad, son dos caras de una misma organización”.[35]
En este marco intelectual piensa Romero la importancia de los sentidos para el conocimiento del mundo y de la naturaleza. En La formación histórica plantea como en cada época, ante la vida, cada grupo social se encuentra con un cierto caudal de posibilidades, con un cierto repertorio de ideas y preferencias que condicionan su sentido total; con una ordenación, sobre todo, de sus juicios de valor, que le hacen apreciar de una determinada manera el mundo que constituye su contorno.[36]
Incluso con alguno de estos autores discutió intelectualmente, dado que consideraba algunas de sus interpretaciones algo restrictivas. En una carta escrita el 22 de marzo de 1949 a José Ferrater Mora se refiere en estos términos a las semejanzas y diferencias de sus estudios con de Huizinga:
“Dejo para entonces dilucidar nuestros puntos de vista sobre la cultura occidental, en lo que trabajo con ahínco por mi parte. Ahora he centrado mi interés en la baja Edad Media, donde creo hallar algunas de las claves que buscaba, y que creo haber sorprendido: el siglo XIV, primer ensayo general —fracasado— de la modernidad. Son innumerables los datos curiosos y significativos que ofrece ese período tan estudiado. De allí para atrás y de allí para adelante, tomo notas sobre mil cosas que me parecen reveladoras, y como no puedo con el genio, empiezo a preparar un libro sobre esa época —que llamaré LA EDAD FLORIDA— para rebatir a fondo la tesis de Huizinga e intentar una explicación que integre el fenómeno del barroco flamenco borgoñón y el fenómeno del naturalismo italiano. Sólo el juego de ambos explica algo a mi juicio: la época misma, y los contenidos oscilantes de toda la cultura occidental. Pero no sigo, aunque tengo bastante claridad ahora sobre el tema”.[37]
En otra correspondencia del 25 de abril de 1950, también dirigida a Ferrater Mora, insiste sobe este libro:
“Ahora tengo un plan claro. Quiero escribir una EDAD FLORIDA, esto es una cultura de los siglos 14 y 15, y quiero abordar luego —como programa para varios años— una historia de la cultura occidental en la que sabe Ud. que estoy pensando hace mucho tiempo. La Edad Florida está planeada y dibujada en sus grandes líneas. Buena parte de las ideas conjunto están bastante afinadas; pero la cantidad de fuentes que me queda por revisar me asusta, pese a lo cual sigo en eso metódicamente. Las dificultades son numerosas. Muchas no las tengo a mano, mi latín es flojo, mis recursos escasos, y además necesito imprescindiblemente ir a Europa. Como no tengo dinero, he inventado un sistema que voy a poner en práctica”.[38]
Para argumentar y ejemplificar sus propuestas recurrió al abordaje de un variado elenco de fuentes, desde las textos históricos, jurídicos y políticos a las filosóficos y literarios, incluyendo las obras de arte, a las que Burucúa les dedica una atención privilegiada, al proponer las tres funciones que se vislumbran en los textos de Romero: (1) ser presentada como testimonio sensible, visual o auditivo, de lo descubierto por los métodos del estudio económico y social de la vida histórica; (2) participar en la elaboración de una faceta de aquel poliedro —la mentalidad, la vida histórica— sin la que el cuerpo, metáfora de lo real, estaría incompleto, se vería mutilado y, más que nada, se haría gnoseológicamente inestable, y (3) convertirse en llave privilegiada y paradójica que abre el núcleo duro de lo real en el pasado merced al encubrimiento que sobre él establece, dado que apenas el historiador comienza a correr el velo que ha tendido la obra gracias a su belleza, entendida como capacidad de seducción de los sentidos, el proceso de desvelamiento es incontenible y la propia presentación de la obra representa, con una intensidad y una vastedad desconocidas hasta entonces, la totalidad de lo real en el pasado.[39]
De esta manera pudo dotar a sus gentes de humanidad y, en especial, de diversidad y su relato histórico de un pulso narrativo que lo distingue y diferencia: los tiempos medievales surgen vigorosos, multiculturales y desbordantes de vitalidad, en el amor de sus mujeres, en los múltiples autores de los Carmina burana alegraban a sus contertulios, en la actividad diversa de estudiantes, juglares, mercaderes y peregrinos, en la labores de la vida religiosa, pero también en las de la vida cotidiana.[40]
La realidad natural medieval estaba saturada de elementos sobrenaturales y el hombre de aquella época buscaba la coherencia entre ambos órdenes de la naturaleza sensible, tal como expresan bestiarios, libros sobre la naturaleza y las maravillas del mundo, a partir de la recuperación de la tradición antigua y del impacto de las fuentes musulmanas. No se trata solamente de un interés recobrado por sus estudios, sino también de un eje puesto en el regocijo por la diversidad de lo creado, vinculado con fines prácticos, por fuera del misterioso encanto de la simbología.[41]
En el contexto cristiano, se ajustaba el universo natural con el sobrenatural en una misma lógica explicativa: era el hábito reiterado de interponer entre el sujeto y el objeto del conocimiento una interpretación adquirida en virtud de la cual la realidad natural no parecía sino un conjunto de signos a través de los cuales se expresaba una realidad no sensible pero que constituía el verdadero ser. El conocimiento adquirido exclusivamente por los sentidos no era fiable, no bastaban la experiencia ni la razón para comprender las explicaciones últimas de ese mundo complejo, que sólo podían alcanzarse por revelación divina, mediante sueños y visiones u otras formas de iluminación. Todo esto disuadía al hombre de la Edad Media de la ilusión de conocer directamente la realidad natural. En ese marco, continúa la historia según Romero, el hombre descubría mediante los sentidos que era parte de la realidad natural, pero encontraba igualmente que la realidad sobrenatural se filtraba en la experiencia inmediata y aprendió a despreciar lo que había en él de naturaleza. Lo sobrenatural era eterno, lo natural era efímero; el cuerpo —material, vil— pertenecía a este campo de lo mortal, el alma —inmaterial, noble— a aquel de lo trascendente.[42]
La aparición de la burguesía, a partir de la revolución de los siglos XI y XII, implica el desarrollo de experiencias sociales nuevas y la disociación, por primera vez, de la relación entre realidad e irrealidad. Aparece entonces un nuevo principio de explicación causal, la causalidad natural; la nueva imagen de la naturaleza —y con ella la transformación técnica—, la nueva imagen del ser humano y de la sociedad, puesta de manifiesto en la organización y el gobierno de las ciudades, así como la cortesía, las fiestas, los torneos, las formas de ocio y el lujo en general.[43]
Esta es una transformación fundamental, tal como la entendió Romero, dada la idea de que la realidad sensible es natural y no está cargada de sobrenaturalidad; emerge un principio realista de interpretación del mundo, por el cual se aspiraría a comprender la realidad a partir de lo sensible y no a partir de los ideales, los mitos o los símbolos.[44]
Las formas urbanas también concitaron la atención de Romero. No en vano eligió ese nexo para enlazar el mundo medieval y el mundo americano. La mentalidad de la burguesía se estructuró en torno a dos ideas primordiales: creación y cambio. Las aceptó en varias dimensiones y de ellas surgieron las nuevas imágenes del hombre, de la sociedad, de la historia. Se sintió al hombre como un nuevo mundo a descubrir, cuyo origen importaba, como importaban sus capacidades, que se pusieron en juego para lograr éxito en la aventura, en disfrutar del ocio, del amor, de los goces que el descubrimiento del cuerpo aparejaba. Cuerpo, tiempo, trascendencia son las matrices de sentido que aportará Romero a la comprensión histórica del paso de la Europa medieval a la América colonial, que implica comprender tanto las continuidades como los cambios que fueron advertidos por los hombres y mujeres de aquellos tiempos.[45]
Pero estas continuidades y cambios no son lineales ni se completan todas a la misma vez. Por el contrario, se dan momentos de solapamiento, de superposición. Luis Alberto Romero fue quien primero llamó la atención sobre el uso que del concepto de “encubrimiento” social e ideológico hizo José Luis Romero, a la hora de describir algunas etapas del despliegue de la mentalidad burguesa en occidente.[46]
En el prefacio al libro Estudio de la mentalidad burguesa, Luis Alberto Romero señaló, como tema primordial de las primeras fases de aquella larga evolución, el proceso de encubrimiento que siguió muy pronto a las manifestaciones francas y desembozadas del mundo eidético-emocional de la burguesía entre los siglos XIV y XVIII:
“esta idea del encubrimiento, una de las más sugestivas que se desarrollan en el texto, había sido esbozada en obras anteriores, en Maquiavelo historiador y La cultura occidental, y también en un sugestivo artículo, ‘La ópera y la irrealidad barroca’”.[47]
En el trabajo dedicado a la ópera y el barroco, José Luis Romero subrayó las tensiones y cruces entre la realidad de la época y el mundo proclamado en las cortes y salones:
“Barroca fue la concepción misma de la declamación lírica, pretendida resurrección del teatro clásico griego según el designio de los inspiradores de la Camerata fiorentina, y en rigor, producto de un proceso inédito en el camino de la creación dramática y musical. Pero, sobre todo, fue barroco el insoslayable marco en el que la ópera debía desarrollarse: la sociedad para la que componían los músicos y representaban los actores; los palacios que albergaban a los mecenas pertenecientes a las clases nobles o ennoblecidas por su fortuna; los jardines que rodeaban a los palacios y le prestaban un fondo de dignidad y de belleza; las fiestas suntuosas en las que cada participante se convertía en un actor sólo por la magnificencia y la magia de sus tocados, y en las que los juegos de luces y los fuegos de artificio creaban una atmósfera irreal. En ella hizo su aparición la ópera cuando en Florencia, en el palacio Pitti realzado por el extraño encanto de los jardines de Bobboli, se estrenó la Eurídice de Jacopo Peri el 6 de octubre del año 1600, con motivo de las bodas del rey Enrique IV de Francia con la princesa toscana María de Médicis”.[48]
El propio autor señala que todo fue:
“sin duda, un altísimo regocijo para los sentidos, un espectáculo fascinante e inusitado. Y quizá por eso, por inaugurar un nuevo estilo de espectáculo, inauguró también una forma de expresión creadora que sobrepasaba los límites de la pura experiencia estética y alcanzaba los caracteres de una completa y casi ritual evocación de la vida, convocada al tablado para dar testimonio de que la vida no era sólo como se la vivía cotidianamente sino también así como en el tablado se la representaba. Lo que era cierto para toda suerte de espectáculo teatral se acentuaba pronunciadamente en el espectáculo operístico”.[49]
El conflicto social como espectáculo teatral tiene, en su propuesta, algo de la tensión entre realidad e irrealidad. José Emilio Burucúa subraya el modo en que Romero utiliza las palabras enmascarar y encubrir para referirse a las formas de eludir la realidad de ciertos grupos sociales o épocas históricas:
“De la burguesía, hay una sola mención: aunque algunos de los miembros de los sectores burgueses enmascararan también su personalidad bajo la muy barroca y empolvada peluca que trasmutaba las cabezas de los seres humanos. A la nobleza y el régimen absolutista corresponden otras dos: la primera usa uno de los términos de nuestro encabezamiento, la imagen del monarca absoluto enmascaraba el ejercicio pragmático del poder para defender un orden social cada vez más cuestionado, como la imagen del cortesano de empolvada peluca disimulaba la personalidad del aguerrido defensor de sus privilegios; la segunda opta, finalmente, por encubrir: las cortes aristocráticas fueron los escenarios de ese vasto esfuerzo para encubrir la imagen realista de la realidad, y entre las primeras fue la más vehemente la corte borgoñona del siglo XV, instalada unas veces en Dijon pero cada vez más en poderosas ciudades burguesas de sus dominios, como Lille, Brujas o Bruselas”.[50]
En La revolución burguesa en el mundo feudal ofrece su explicación histórica de la relación entre el hombre nuevo y la naturaleza: transformarla y observarla distanciadamente.[51] Luis Alberto Romero vincula las preocupaciones sensoriales de su padre a nivel intelectual con el goce por la vida a nivel individual:
“Era una persona extraordinariamente sociable que disfrutaba conversando con toda clase de gente. Escuchaba con enorme atención. Eso lo ayudaba a construir sus reflexiones. Tenía dos hobbies: la carpintería y el jardín. Durante mucho tiempo los vi simplemente como hobbies. En 1958 levantó una casa en la punta de un médano en Pinamar, y en seis años transformó ese médano en un gran parque. Todas las mañanas se dedicaba al jardín, y, por la tarde, se sentaba a contemplar lo hecho, y a pensar en lo que haría al día siguiente. Bueno, ahí están algunas de sus ideas sobre la manera burguesa de relacionarse con el mundo: la relación con la naturaleza es, en parte, estética y, en parte, de transformación técnica. Cierta vez, releyendo en sus libros la larga explicación sobre la Edad Media, me di cuenta de que mi padre jardinero era eso. Era el burgués que transforma la naturaleza, se aparta, la observa y sigue rehaciéndola”.[52]
Su preocupación estuvo centrada en lograr una Historia social de largo alcance, que articulara las cuestiones puntuales con la comprensión de procesos de largo aliento, actitud destacada por Jacques Le Goff, al afirmar que la obra de Romero es un claro ejemplo de la historia global preconizada por entonces.[53] Esta tensión y diálogo están presentes, de manera especial, en las obras de le década del treinta:
“para el hombre de cultura no hay más historia que la historia universal, esto es, la historia humana, no en sus pueriles compartimentos, sino en un magno esfuerzo de síntesis. Si no podrá decir que posee seguro dominio de la marcha histórica, quien, además de cumplir otras condiciones, haya llenado esta de conocer íntegro su recorrido. En muchas ramas del saber es posible el saber monográfico. En historia, aun cuando sea posible, yo afirmo que es artificial, negativo de lo histórico, en cierto modo. Conocer absolutamente bien una época, captar absolutamente bien el sentido de la historia de cierto país, no es, a mi juicio, sino saberla a medias, porque se ignora lo típico del juego de la historia que es siempre relación, unidad, interacción”.[54]
Sus estudios referidos a Maquiavelo son el ejemplo de la relación entre el individuo y su época, tal como señala acertadamente Burucúa: el Florentino había entronizado la autonomía y la supremacía histórica de lo político al mismo tiempo que había establecido una explicación de los hechos exclusivamente sobre los deseos, las aspiraciones y los temores de los hombres.[55] El propio Romero lo reconocía, al sostener:
“creo que la dinámica histórica es un juego entre la realidad y las ideas, múltiples y diversas, que son interpretaciones de la realidad y al mismo tiempo proyectos —utópicos o practicables— para cambiarla”,[56]
o bien cuándo afirmada, siguiendo a Simmel, que “una sociedad combina elementos de realidad y elementos de mentalidad”.[57]
Un ejemplo claro y sobresaliente de este nuevo hombre, producto de los cambios, resulta ser, para nuestro historiador, justamente Nicolás Maquiavelo. Maquiavelo extremó entonces la actitud burguesa fundamental, que significaba el entendimiento directo con la realidad, alejado del idealismo medieval. Es por ello que Romero lo consideró como un hombre prototípico de las nuevas clases; un hombre que aprendía de la experiencia cotidiana y del mundo sensible que lo rodeaba; un hombre atento a su entorno que buscó postular una nueva conducta frente a la nueva realidad.[58]
Y estas nuevas gentes y sociedades se expresaron a través de los sentidos, tal como aborda en el capítulo tercero de su libro Maquiavelo al referirse a las formas elementales de la vida histórico-social, a la concepción del plano político como campo específico de las situaciones históricas y, de manera más puntual, a los caracteres de la vida histórica. La élite, minoritaria, consciente de su importancia de época, es protagonista del desarrollo político, en contraposición a una masa informe. Hombres de buenos modales, de ideas claras y expresiones locuaces y voluptuosas, de argumentos sólidos y fundados, en los ámbitos de discusión pública en donde la palabra sobresale, o bien en los lugares reservados para las celebraciones y festines, tanto públicos como privados, vivieron y murieron discutiendo sobre política: en sus despachos, en las cortes extranjeras, en las plazuelas, en las tabernas.[59] Maquiavelo sabía que esa burguesía se movía fundamentalmente por preocupaciones terrenas, y que la preocupación por el poder, el dinero y el goce eran las que presidían fundamentalmente su conducta.

Peter Paul Rubens y Jan Brueghel El Viejo, Los cinco sentidos. 1618. Gusto.
A su manera, Romero planteó aún antes del giro sensorial, la Historia sensorial o los Estudios sensoriales, la importancia de sensibilidades en los diferentes momentos históricos, señalando tanto continuidades como transformaciones y cambios. Fue un historiador de avanzada que buceó, como Huizinga, en los testimonios literarios con agudeza y no fue para él ajena la percepción —que hoy se subraya— de actitudes y gestos que ha incitado el estudio —con la fundamentación antropológica actual— de la gestualidad. Lo preocuparon las actitudes y normas como emergentes de una sociedad determinada,[60] tal como podemos advertir en sus palabras:
“La burguesía quería materias primas y las consiguió en cantidades fabulosas. Pero para que se transformaran nuevamente en riqueza era menester elaborarlas y comercializarlas, para lo cual necesitó brazos; pero brazos nada más: ni cabezas ni, menos todavía, conciencias. Brazos solamente. Porque siguiendo una tradición clásica suponía que los brazos producían más si obedecían a una cabeza ajena. En América, Asia y África, la burguesía se había procurado brazos a la fuerza, con el pretexto de que correspondían a conciencias descarriadas que era menester salvar; y, en efecto, durante algunas horas de cada domingo los brazos descansaban para escuchar la palabra divina”.[61]
Estas ideas acompañaron a Romero a lo largo de su vida académica, y, a mediados de la década del cuarenta, las planteaba y defendía con firmeza:
“los cambios en las formas de vivir y de pensar que es lo que caracteriza el paso de una época histórica a otra no se producen en un instante y, en consecuencia, no pueden fecharse con tanta exactitud. Estos hechos no tienen, pues, más valor que el de simples símbolos que representan circunstancias trascendentales destinadas a modificar las condiciones existentes, y sus fechas sólo indican una división convencional en el ininterrumpido correr de la historia. El paso de una época histórica a otra se produce mediante lentas transformaciones espirituales y materiales, que ocurren, pues, no en breves lapsos, sino en períodos de transición que a veces se extienden a lo largo de muchos años. Puede afirmarse que la transformación de las formas de vivir y de pensar propias de la Edad Media se produce en el curso del siglo XV, y acaso podría agregarse que, en ciertos lugares de Europa, había comenzado ya antes”.[62]
Sensibilidades, formas de vivir y de pensar de cada cultura histórica, en síntesis, son para Romero, como para Burckhardt, Simmel, Huizinga y Febvre, las transformaciones políticas y culturales que generan cambios en los sistemas de percepción sensorial, emocional y sensible:
“Así, sin una ruptura violenta pero con una energía irresistible, una mutación en las condiciones sociales y económicas, en la concepción política, en las ideas sobre el mundo y la vida, se acentúa en los últimos siglos medievales. En Italia antes que en otras partes, esa mutación se hace visible y se manifiesta en una nueva sensibilidad frente a todos los problemas: la vida cotidiana, el conocimiento de la naturaleza, la creación artística. El resto de la Europa occidental seguirá sus huellas hasta que, en cada lugar, las nuevas direcciones hayan creado sus propias fórmulas según los elementos que debían someter a la mutación deseada. La modernidad comienza, pero sin que se pueda observar un sincronismo absoluto. Acaso habría una pauta para reconocer su triunfo: el predominio más o menos acusado de una concepción naturalista del mundo en desmedro de la vieja concepción teísta. Allí donde se manifiesta, triunfa la modernidad. Pero es necesario tener presente aquella observación que justificaba nuestro interés por la cultura medieval: la concepción teísta sobrevive, se abroquela y lucha por su perduración, constituyendo una dimensión del Occidente aun en plena Edad Moderna. Más que el predominio de la concepción naturalista, la modernidad se nos presenta hasta ahora como una lucha entre ella y su adversaria. Este drama está, pues, inconcluso y quizá constituye el nudo de muchos problemas que nos sobrecogen hoy por su magnitud y su trascendencia. Acaso convenga releer a Montaigne y a Pascal para saber a qué atenerse en cuanto a dos actitudes inconciliables entre sí en el fondo y que se muestran escondidas tras todos los dilemas que nos ofrece el mundo moderno”.[63]
El tránsito del mundo medieval al moderno, relacionado con el triunfo del Humanismo, el Renacimiento y el espíritu burgués, manifiestan esos cambios en las jerarquías de los sentidos o en la gama de emociones de entonces, tal como logró apreciar el historiador argentino en la misma línea que los planteos más recientes considerados. (Newhauser, 2014 y Roodenburg, 2014).[64]
3. Comentario final
Escribir este texto, y así dar forma y contenido concretos a la percepción que siempre he tenido de que José Luis Romero es un historiador del mundo sensible, me permitió valorar dos cosas fundamentales de sus planteos.
En primer lugar, su conocimiento profundo y el diálogo abierto que siempre mantuvo con las tradiciones históricas y filosóficas alemanas, francesas y españolas de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX. Gracias a este marco intelectual del que formaba parte, por formación y por contemporaneidad, pudo comprender la importancia de los aspectos sensibles para la vida histórica y, de alguna manera, plasmarlos en la tarea historiográfica.
En segundo término, su intuición para señalar y abrir caminos, en especial para reconocer la relevancia de los sentidos dentro de los diferentes contextos históricos o bien desplegar sagacidad para encontrar en diversas fuentes, desde las escritas a los testimonios artísticos, las manifestaciones sensoriales de cada época y advertir sus continuidades y cambios en los procesos históricos.
Es por ello que, en el marco de mi propia actividad académica —centrada tanto en la formación de futuros docentes e investigadores en historia como en el desarrollo científico del campo de la Historia sensorial medieval y los Estudios sensoriales en nuestro país— rescato y destaco su figura y su legado, tanto por la complejidad de sus interpretaciones globales como por sus miradas sensibles, que incluyen emociones y sentidos, que nos revelan a los hombres y mujeres de la lejana Edad Media en toda su opulencia y grandeza pero también y sobre todo en su cotidianeidad, lo cual nos demuestra que, después de todo, no eran tan distintos a quienes vivimos en el siglo XXI.

Peter Paul Rubens y Jan Brueghel El Viejo, Los cinco sentidos. 1618. Tacto.
Obras de José Luis Romero analizadas:
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- Romero, José Luis (1943), Maquiavelo historiador, Buenos Aires, Nova, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/maquiavelo-historiador-1943/, consultado el 08 de enero de 2026.
- Romero, José Luis (1944), “Los contactos de cultura. Bases para una morfología”, Buenos Aires, Institución Cultural Española, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/los-contactos-de-cultura-bases-para-una-morfologia-1944, consulado el 08 de enero de 2026.
- Romero, José Luis (1945), Historia Moderna y Contemporánea, Buenos Aires, Huemul.
- Romero, José Luis (1946), Las ideas políticas en Argentina, México, Fondo de Cultura Económica.
- Romero, José Luis (1947), “El patetismo en la concepción medieval de la vida”, Revista Nacional de Cultura, 64, Caracas, septiembre-octubre, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/el-patetismo-en-la-concepcion-medieval-de-la-vida-1947, consultado el 08 de enero de 2026.
- Romero, José Luis (1948), El ciclo de la revolución contemporánea, Buenos Aires, Argos.
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- Romero, José Luis (1949), La Edad Media, México, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
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[1] Romero, José Luis, “Inteligibilidad del mundo”, Liberalis, 15-16, Buenos Aires, septiembre-diciembre 1951, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/inteligibilidad-del-mundo-1951, 2020, consultado el 26 de diciembre de 2025.
[2] Guglielmi, Nilda, “José Luis Romero y la historia medieval”, en: AA.VV., Historiografía argentina (1958-1988). Una evaluación crítica de la producción histórica argentina, Buenos Aires, Comité Internacional de Ciencias Históricas – Comité Argentino, 1990, pp.264-273.
[3] Acha, Omar, La trama profunda. Historia y vida en José Luis Romero, Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 2005, p.9.
[4] Ansaldi, Waldo, “José Luis Romero, la mala suerte de nacer en el sur”, e-l@tina, 7(27), 2009, http://www.iealc.fsoc.uba.ar/elatina.htm, consultado el 29 de diciembre de 2025.
[5] Romano, Ruggiero, “Entronque”, en: Romero, José Luis, ¿Quién es el burgués? Y otros estudios de historia medieval, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984, pp.9-14.
[6] Halperin Donghi, Tulio, “José Luis Romero y su lugar en la historiografía argentina”, Desarrollo Económico, 20(78), 1980, pp.248-274, Guglielmi, Nilda, “José Luis Romero y la historia medieval”, en: AA.VV., Historiografía argentina (1958-1988). Una evaluación crítica de la producción histórica argentina, Buenos Aires, Comité Internacional de Ciencias Históricas – Comité Argentino, 1990, pp.264-273, Burucúa, José Emilio, “José Luis Romero y las perspectivas de la época moderna”, Anales de historia antigua y medieval, 28, 1995, pp.25-36, Acha, Omar, La trama profunda. Historia y vida en José Luis Romero, Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 2005, Ansaldi, Waldo, “José Luis Romero, la mala suerte de nacer en el sur”, e-l@tina, 7(27), 2009, http://www.iealc.fsoc.uba.ar/elatina.htm, consultado el 29 de diciembre de 2025, Guiance, Ariel, “José Luis Romero (1909-1977)”, Aurell, Jaume y Pavón, Julia (eds.), Rewriting the Middle Ages in the Twentieth Century. II.- National traditions, Turnhout, Brepols, 2009, pp.281-308, Barros, Carlos, “José Luis Romero y la historia del siglo XXI”, Revista de História, São Paulo, 166, 2012, pp.35-69, Burucúa, José Emilio, Devoto, Fernando y Gorelik, Adrián (eds.), José Luis Romero. Vida histórica, ciudad y cultura, San Martín, UNSAM Edita, 2013, Gómez García, Juan y Rubiano Muñoz, Rafael (eds.), Cosmopolitismo intelectual y compromiso político en José Luis Romero, Medellín, Gecil Kultur, Editorial Universidad de Medellín, 2016, Romero, Luis Alberto, “José Luis Romero, Historiador ciudadano”, Anales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, XLIV, 2017, pp.133-143 y Astarita, Carlos, “José Luis Romero medievalista. Años 1940-1967”, Sociedades Precapitalistas, 12, e074, 2022, https://doi.org/10.24215/22505121e074, consultado el 29 de diciembre de 2025.
[7] Pérez Silier, Javier (coord.), México Francia: memoria de una sensibilidad común, siglos XIX-XX, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y EI Colegio de San Luis, 1998.
[8] Boquet, Damien y Nagy, Piroska, Medieval Sensibilities. A History of Emotions in the Middle Ages, Cambridge, Polity Press, 2018.
[9] Romero, José Luis, “El patetismo en la concepción medieval de la vida”, Revista Nacional de Cultura, 64, Caracas, septiembre-octubre 1947, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/el-patetismo-en-la-concepcion-medieval-de-la-vida-1947, consultado el 08 de enero de 2026.
[10] Romero, José Luis, Maquiavelo historiador, Buenos Aires, Nova, 1943, p.14 y p.127, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/maquiavelo-historiador-1943/, consultado el 08 de enero de 2026.
[11] Romero, José Luis, Maquiavelo historiador, Buenos Aires, Nova, 1943, p.39, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/maquiavelo-historiador-1943/, consultado el 08 de enero de 2026.
[12] Romero, José Luis, Maquiavelo historiador, Buenos Aires, Nova, 1943, p.83, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/maquiavelo-historiador-1943/, consultado el 08 de enero de 2026.
[13] Romero, José Luis, Historia Moderna y Contemporánea, Buenos Aires, Huemul, 1945, p.1.
[14] Romero, José Luis, Las ideas políticas en Argentina, México, Fondo de Cultura Económica, 1946, pp.10-14.
[15] Burke, Peter, “Romero, historiador de mentalidades”, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, 2022, https://jlromero.com.ar/textos_sobre_jlr/romero-historiador-de-mentalidades/, consultado el 26 de diciembre de 2025.
[16] Bartolucci, Mónica, “José Luis Romero, un historiador de las emociones argentinas”, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, 2020, https://jlromero.com.ar/temas_y_conceptos/jose-luis-romero-un-historiador-de-las-emociones-argentinas/, consultado el 26 de diciembre de 2025.
[17] Rodríguez, Gerardo, Por una Edad Media sensorial, Mar del Plata, Universidad Nacional de Mar del Plata, 2023.
[18] Romero, José Luis, La Edad Media, México, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1949 y Romero, José Luis, La revolución burguesa en el mundo feudal, Buenos Aires, Sudamericana, 1967
[19] Romero, José Luis, “El concepto de vida histórica”, Francisco Miró Quesada, Franklin Pease y David Sobrevilla (eds.), Historia, problema y promesa. Homenaje a Jorge Basadre, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1978, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/el-concepto-de-vida-historica, consultado el 08 de enero de 2026.
[20] Romero, José Luis, La vida histórica, Ensayos compilados por Luis Alberto Romero, Buenos Aires, Sudamericana, 1987.
[21] Romero, José Luis, “Los contactos de cultura. Bases para una morfología”, Buenos Aires, Institución Cultural Española, 1944, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/los-contactos-de-cultura-bases-para-una-morfologia-1944, consulado el 08 de enero de 2026.
[22] Romero, José Luis, “Reflexiones sobre la historia de la cultura”, Imago Mundi, 1, Buenos Aires, septiembre 1953, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/reflexiones-sobre-la-historia-de-la-cultura-1953/, consultado el 08 de enero de 2026.
[23] Romero, José Luis, La formación histórica, Santa Fe, Instituto Social de la Universidad Nacional del Litoral, 1933, Romero, José Luis, “Los contactos de cultura. Bases para una morfología”, Buenos Aires, Institución Cultural Española, 1944, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/los-contactos-de-cultura-bases-para-una-morfologia-1944, consulado el 08 de enero de 2026, Romero, José Luis, “Reflexiones sobre la historia de la cultura”, Imago Mundi, 1, Buenos Aires, septiembre 1953, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/reflexiones-sobre-la-historia-de-la-cultura-1953/, consultado el 08 de enero de 2026, Romero, José Luis, “’Historia y ciencias del hombre: la peculiaridad del objeto”, International Social Science Journal, 16/4, París, 1964, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/historia-y-ciencias-del-hombre-la-peculiaridad-del-objeto-1964, consultado el 08 de enero de 2026, Romero, José Luis, “El concepto de vida histórica”, Francisco Miró Quesada, Franklin Pease y David Sobrevilla (eds.), Historia, problema y promesa. Homenaje a Jorge Basadre, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1978, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/el-concepto-de-vida-historica, consultado el 08 de enero de 2026.
[24] Romero, José Luis, “La historia social”, Inédito, 1959, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-historia-social-1959, consultado el 08 de enero de 2026 y Romero, José Luis, “La sociedad y el teatro”, Inédito, 1959, presentación de Luis Alberto Romero, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-sociedad-y-el-teatro-1959, consultado el 08 de enero de 2026.
[25] Romero, José Luis, “La historia social”, Inédito, 1959, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-historia-social-1959, consultado el 08 de enero de 2026.
[26] Romero, José Luis, “La sociedad y el teatro”, Inédito, 1959, presentación de Luis Alberto Romero, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-sociedad-y-el-teatro-1959, consultado el 08 de enero de 2026.
[27] Corbin, Alain, Historien du sensible, entretiens avec Cilles Heure, París, La découverte, 2000, Smith, Mark, A Sensory History Manifesto, Pennsylvania, The Pennsylvania State University Press, 2021, Howes, David, Sensorium. Contextualizing the Senses and Cognition in History and Across Cultures, Cambridge, Cambridge University Press, 2024 y Miranda, Lidia Raquel y Rodríguez, Gerardo (dirs.), La materia y el gesto: objetos, sentidos y emociones en la Edad Media (siglos XIII al XVI), Berna, Peter Lang, 2026 (en prensa).
[28] Romero, José Luis, El ciclo de la revolución contemporánea, Buenos Aires, Argos, 1948.
[29] Devoto, Fernando, “En torno a la formación historiográfica de José Luis Romero”, en: Burucúa, José, Devoto, Fernando y Gorelik, Adrián (eds.), José Luis Romero. Vida histórica, ciudad y cultura, San Martín, UNSaM Edita, 2013, pp.37-38.
[30] Devoto, Fernando, “Comentario a las ponencias del Panel “Historiografía de la historia medieval europea”, en: AA.VV., Historiografía argentina (1958-1988). Una evaluación crítica de la producción histórica argentina, Buenos Aires, Comité Internacional de Ciencias Históricas – Comité Argentino, 1990, p.285.
[31] Burckhardt. Jacob, Die Kultur der Renaissance in Italien, Leipzig, Verlag, 1860 propone el concepto de cultura histórica para referirse al estudio integral de civilizaciones pasadas, especialmente del Renacimiento italiano, a través de sus expresiones culturales (arte, política, sociedad), viéndolas como totalidades orgánicas, no solo como eventos cronológicos.
[32] Huizinga, Johan, Herfsttij der Middeleeuwen. Studie over levens- en gedachtenvormen der veertiende en vijftiende eeuw in Frankrijk en de Nederlanden, Haarlem, H.D. Tjeenk Willink, 1919 analiza las formas de vida y pautas culturales en el pasado, centrándose especialmente en la Baja Edad Media, la Reforma y el Renacimiento y temas tales como el espíritu caballeresco, el amor cortés, la muerte y el pensamiento simbólico. Según él, la percepción sensorial permite conocer y comprender la “sensación histórica” de cada período histórico.
[33] Febvre, Lucien, “La sensibilité et l’histoire: Comment reconstituer la vie affective d’autrefois?”, Annales d’histoire sociale, 3/1, 1941, pp.5-20 y Febvre, Lucien, Le problème de l’incroyance au XVIe siècle. La religion de Rabelais, París, Albin Michel, 1942 enfatiza la relevancia de estudiar el mundo sensible, compuesto por sentidos, afectos y emociones considerados constructos históricos, sociales y culturales imbricados entre sí. Afirma que en el transcurso del siglo XVI francés se produjo un cambio en el sistema de percepción sensorial y, por ende, la gama emocional que conformaba el utillaje mental de los hombres y mujeres de entonces. De acuerdo con sus planteos, los esquemas sensitivos táctiles y odoríficos quedaron relegados ante la importancia que adquirieron el oído y la vista en el marco de la consolidación de los procesos racionalistas. Y las personas que tocaban, palpaban y olían a los otros eran consideradas lascivos: la plurisensorialidad estaba al servicio de la exclusión social.
[34] Simmel, Georg, Soziologie, Leipzig, Duncker & Humblot, 1908 propone el concepto de proximidad sensible para referirse a cómo la cercanía física, temporal o emocional a algo o alguien intensifica nuestra percepción, preocupación y conexión con ello, más allá de la lógica, afectando decisiones y emociones. Su perspectiva resulta relevante en estudios sociales sobre relaciones, género, espacio urbano y devoción religiosa, incluyendo la creación de vínculos a distancia o experiencias corporales y sensoriales en lugares sacralizados.
[35] Romero, Luis Alberto, “El jardinero y la historia”. Entrevista de Jorge Halperin, Clarín Cultura y Nación, Buenos Aires, 20 de febrero 1997, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos_sobre_jlr/el-jardinero-y-la-historia, consultado el 08 de enero de 2026.
[36] Romero, José Luis (1933), La formación histórica, Santa Fe, Instituto Social de la Universidad Nacional del Litoral.
[37] Romero, José Luis, “De José Luis Romero a José María Ferrater Mora. Adrogué (Bs. As.), 22 de marzo de 1949, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/wp-content/uploads/2024/01/JLR-a-JFM-22-de-marzo-1949-1.pdf, consultado el 08 de enero de 2026.
[38] Romero, José Luis, “De José Luis Romero a José María Ferrater Mora. Adrogué (Bs. As.), 25 de abril de 1950”, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/wp-content/uploads/2024/01/20-JLR-a-F-25-abril-1950-1.pdf, consultado el 08 de enero de 2026
[39] Burucúa, José Emilio, “El papel de las artes figurativas y de la música en el concepto de mentalidad burguesa acuñado por José Luis Romero”, en Burucúa, José E., Fernando J. Devoto y Adrián Gorelik (eds.), José Luis Romero. Vida histórica, ciudad y cultura, San Martín, UNSaM Edita, 2013, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos_sobre_jlr/el-papel-de-las-artes-figurativas-y-de-la-musica-en-el-concepto-de-mentalidad-burguesa-acunado-por-jose-luis-romero, consultado del 08 de enero de 2026.
[40] Romero, José Luis, “La historia de las mentalidades: la mentalidad burguesa”, Inédito, presentación de Luis Alberto Romero, 1969, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-historia-de-las-mentalidades-la-mentalidad-burguesa-1969, consultado el 14 de enero de 2016.
[41] Romero, José Luis, “Burguesía y espíritu burgués”, Cahiers d’Histoire Mondiale, 2/1, 1954, pp.196-206.
[42] Romero, José Luis, La revolución burguesa en el mundo feudal, Buenos Aires, Sudamericana, 1967.
[43] Romero, José Luis, Maquiavelo historiador, Buenos Aires, Nova, 1943, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/maquiavelo-historiador-1943/, consultado el 08 de enero de 2026.
[44] Romero, José Luis, La revolución burguesa en el mundo feudal, Buenos Aires, Sudamericana, 1967 y Romero, José Luis, “La historia de las mentalidades: la mentalidad burguesa”, Inédito, presentación de Luis Alberto Romero, 1969, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-historia-de-las-mentalidades-la-mentalidad-burguesa-1969, consultado el 14 de enero de 2026.
[45] Guglielmi, Nilda, “José Luis Romero y la historia medieval”, en: AA.VV., Historiografía argentina (1958-1988). Una evaluación crítica de la producción histórica argentina, Buenos Aires, Comité Internacional de Ciencias Históricas – Comité Argentino, 1990, pp.264-273 y Guglielmi, Nilda, “Medievalismo e hispanistas en América”, Revista de historia “Jerónimo Zurita”, 71, 1995, pp.269-285.
[46] Romero, José Luis, La ciudad occidental. Culturas urbanas en Europa y América, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, pp. 146-148.
[47] Romero, Luis Alberto, “Prefacio”, en Romero, José Luis, Estudio de la mentalidad burguesa, Buenos Aires, Alianza, 1999, p.9.
[48] Romero, José Luis, “La ópera y la irrealidad barroca”, Ayer y hoy de la Ópera, 1, noviembre 1977, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-opera-y-la-irrealidad-barroca-1977, consultado el 08 de enero de 2026.
[49] Romero, José Luis, “La ópera y la irrealidad barroca”, Ayer y hoy de la Ópera, 1, noviembre 1977, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/la-opera-y-la-irrealidad-barroca-1977, consultado el 08 de enero de 2026.
[50] Burucúa, José Emilio, “José Luis Romero: encubrimiento, enmascaramiento”, 2020, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/temas_y_conceptos/jose-luis-romero-encubrimiento-enmascaramiento/?print-posts=pdf, consultado el 08 de enero de 2026.
[51] Romero, José Luis, La revolución burguesa en el mundo feudal, Buenos Aires, Sudamericana, 1967.
[52] Romero, Luis Alberto, “El jardinero y la historia”. Entrevista de Jorge Halperíin, Clarín Cultura y Nación, Buenos Aires, 20 de febrero 1997, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos_sobre_jlr/el-jardinero-y-la-historia, consultado el 08 de enero de 2026.
[53] Le Goff, Jacques, “Presentación”, en: Romero, José Luis, Crisis y orden en el mundo feudoburgués, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003, p.IX.
[54] Romero, José Luis, La formación histórica, Santa Fe, Instituto Social de la Universidad Nacional del Litoral, 1933, p.25.
[55] Burucúa, José Emilio, “José Luis Romero y las perspectivas de la época moderna”, Anales de historia antigua y medieval, 28, 1995, pp.25-36 y Cavallero, Constanza, “El ‘gran historiador frustrado’. Maquiavelo según José Luis Romero”, Ingenium. Revista Electrónica de Pensamiento Moderno y Metodología en Historia de la Ideas, 14, 2020, pp.57-72.
[56] Luna, Félix, Conversaciones con José Luis Romero. Sobre una Argentina con historia, política y democracia, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1978, p.103.
[57] Luna, Félix, Conversaciones con José Luis Romero. Sobre una Argentina con historia, política y democracia, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1978, p.169.
[58] Romero, José Luis, Maquiavelo historiador, Buenos Aires, Nova, 1943, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/maquiavelo-historiador-1943/, consultado el 08 de enero de 2026.
[59] Romero, José Luis, Maquiavelo historiador, Buenos Aires, Nova, 1943, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/maquiavelo-historiador-1943/, consultado el 08 de enero de 2026.
[60] Guglielmi, Nilda, “José Luis Romero y la historia medieval”, en: AA.VV., Historiografía argentina (1958-1988). Una evaluación crítica de la producción histórica argentina, Buenos Aires, Comité Internacional de Ciencias Históricas – Comité Argentino, 1990, pp.264-273.
[61] Romero, José Luis (1987), La vida histórica, Ensayos compilados por Luis Alberto Romero, Buenos Aires, Sudamericana, 1987, p.37.
[62] Romero, José Luis (1945), Historia Moderna y Contemporánea, Buenos Aires, Huemul, 1945, p.1.
[63] Romero, José Luis, “Las grandes líneas de la cultura medieval”, Ver y Estimar, 5, Buenos Aires, octubre 1948, en José Luis Romero. Obras Completas. Archivo Digital, https://jlromero.com.ar/textos/las-grandes-lineas-de-la-cultura-medieval-1948, consultado el 08 de enero de 2026.
[64] Newhauser, Richard (ed.), A Cultural History of the Senses in the Middle Ages, 500-1450, Londres, Bloomsbury, 2014 y Roodenburg, Herman (ed.), A Cultural History of the Senses in the Renaissance, Londres, Bloomsbury, 2014.

